lunes, 18 de septiembre de 2017

Acelgas rojas


Tras unas minivacaciones dedicadas a conseguir el carnet de auténtica cabra trepadora vasca, y una vez superado el shock de regresar a “lo no-verde”, vuelvo a poner las manos, que no los pies, en la tierra, en mi huerta.

Allí los ojos se me salían de órbita viendo la frescura de sus huertas y los puestos de los mercados, hermosos y repletos de cebollas, puerros, multitud de coles diferentes, achicorias y rúcolas, lechugas variadísimas, tomates y pimientos, patatas azules y normales, y acelgas de todos los colores. No pude evitarlo y me traje varios plantones de acelga roja que espero que prendan bien (la hortelana me dijo que estaba segura de que sí,…, veremos lo que hace el frío invierno).

En fin, que a mi regreso compruebo encantada que por fin los pimientos se encuentran en plena producción y que los tomates no cesan de crecer. Esto resulta paradójico ya que este año, en general, todo el mundo se queja de la escasa cosecha tomatera y la mía ha sido, y sigue siendo, estupenda[1]. Ahora bien tengo que explicar que aunque todas las matas eran de la misma especie y plantadas a la vez, han tenido un resultado muy diferente. La mayoría no ha dado problemas pero sin embargo, tres matas, con  flores desde el inicio, no han producido ¡ni un solo tomate!. Las flores se marchitaban y mientras las matas crecían y crecían a pesar de que las iba pinzando. Harta ya, como una bruja mala al estilo clásico, las he condenado a desaparecer y su lugar ha sido ocupado, previa preparación de la tierra por las nuevas acelgas rojas. Veremos sus resultados, espero que no echen de menos a su tierra, aunque ya se sabe que los vascos viajan mucho y soportan todo con entereza así que seguro que crecen sí o sí.

 



[1] Entonemos con Louis y Ella, la canción de los tomates <<https://www.youtube.com/watch?v=CIYS9EQWkXg>>
Louis Armstrong (1901-1971) el más famoso trompetista de jazz, canta con Ella Fittzgerald (1917-1996), la Reina del Jazz, en este vídeo.

jueves, 31 de agosto de 2017

Regreso


No sé si alguien se preguntaba qué pasaba con mi huerta, pero si pensabais que ya no existía y que su hortelana había desistido de su tarea, os diré que no es así. Tan sólo me ausenté durante unos días dejándola al cuidado del riego automático (que funciona estupendo) y de unos amables vecinos. Toda separación es dura, pero al menos no encontré a mi regreso un desastre colosal. También es verdad que en mi periplo veía huertos ajenos y se me iban los ojos tras la comparación: huertos pequeñitos y cuidados, huertos grandes, huertos junto a cursos de agua, huertos casi de secano, pero casi todos tenían dos cosas en común que llamaban la atención (al margen, claro, de los pimientos, tomates y demás productos habituales): flores y casitas de insectos. Lo primero me encantó, eso de tener flores frescas para cortar y poner en casa tiene que resultar estupendo, pero me temo que yo no tengo sitio y tendré que contentarme con macetas en flor. En cuanto a lo segundo yo ya lo tengo, aunque no al nivel que encontré por Francia. Allí las casitas para insectos son verdaderos palacios y para que veáis que no miento mirar la foto. Claro, ya veo que tendré que construir una gran mansión si quiero retener a las mariquitas, no se conforman con menos y como se saben indispensables para frenar al ejército Pulgón se aprovechan. Y supongo que también querrán servicio de habitaciones y spa, y...

 
Este año ha sido curioso, pues mientras muchos reputados hortelanos se quejan de los resultados de esta cosecha, yo puede decirse que corono con éxito el verano. Bien es verdad que junio resultó un tanto duro con las olas de calor y el ejército de pulgones, calor que continuó en julio y agosto. A esto hemos de sumar las tormentas y aguaceros, incluso granizo, que rompieron y echaron a perder algunos brotes ya en flor o casi. Sin embargo, la cosecha de tomates (raf) este año estuvo bien y además sigue a pleno rendimiento…pero el calabacín, ¡ay el calabacín!.

Desde principios de verano ya observé que la cosa no iba bien, las hojas no alcanzaban el tamaño y verdor de las del año anterior y las flores escaseaban. Hoy mismo me decidí y arranqué las matas que quedaban. Espero que el año que viene sea mejor.

Y los pimientos como siempre, parece ser que en este pueblo van a su aire. El año pasado comenzaron casi a finales de agosto a dar fruto y este hacen lo mismo. La diferencia estriba en que el año anterior las plantas casi no crecieron (aunque sí sus flores) y este año parece que quieren alcanzar el cielo, están altas y ahora llenas de flores y pequeños brotes de pimiento. Espero que no se queden en eso ahora que las temperaturas bajan, ya se sabe que el pimiento necesita calor.

Bueno, y ahora que ya sabéis las novedades os dejo con algo de música[1], con Marizápalos[2] y su recogida de flores (ay que antojadiza que soy, ahora también quiero un huerto de flores para cortar).

 



[1] <<https://www.youtube.com/watch?v=LgB6w3NGsjA>>
Marizápalos, interpretada por Raquel Andueza & La Galanía
[2] Marizápalos, precioso anónimo español del siglo XVII. También era así conocida María Calderón (1611-1646) conocida como Marizápalos o La Calderona, afamada cantante y actriz de teatro, amante de Felipe IV y madre de un bastardo real, Juan José de Austria, reconocido después por Felipe como hijo suyo. A ella se “le ordenó” entrar en un convento del que llegó a ser madre abadesa, pero acabó huyendo al campo, supongo que a recoger flores…

jueves, 27 de julio de 2017

De color verde



Por contraste con tanto verde os regalo esta imagen amarilla
 
El mundo será de colores pero mi huerta permanece verde, verde como pimientos verdes; verde como tomateras verdes; verde como tomates verdes (todavía, continúan madurando); verde como las últimas acelgas de invierno que apenas crecen ya; verde como la planta de albahaca colocada entre los pimientos para protegerlos del pulgón; verde como plantas de calabacines ya que este año todavía no han salido más que dos o tres flores de calabacín[1], y apenas dotan de color a la gran masa verde. Verde que te quiero verde[2].

No es mal color el verde, tan sólo oir su nombre nos remite a un mundo vigoroso, vivo, joven y fértil. Para los romanos era el color de la diosa Venus y tenían hasta diez palabras diferentes para denominar a otras tantas variedades del verde, pero a poco que pensemos hay infinidad de variedades y verdes matizados. El verde es color de vida, de esperanza y de exuberancia, pero también nos transmite tranquilidad y relajación. El verde nos da paso en los semáforos y nos indica que nuestros dispositivos electrónicos funcionan correctamente; el verde nos permite el baño con bandera de ese color en las playas. El verde nos transporte a países húmedos y bellos, a selvas tropicales, a jardines frondosos, a naturalezas no controlables y a impecables jardines. De color verde son muchos insectos, animales (no así los famosos “perros verdes”) y hasta seres imaginados (todo el mundo sabe que los dragones eran verdes). Verdes son también las banderas de algunos países. También se usa para caracterizar una actitud de respeto al planeta Tierra y se abusa de esta denominación “verde” en todo tipo de marketing comercial.

Pero el verde también indica inexperiencia o falta de preparación y para algunos es el color de la envidia, de lo venenoso o monstruoso, o incluso el color de la muerte.

En cualquier caso el verde es un color secundario, esto es, si se desea obtener este color ha de mezclarse con azul y amarillo (que junto con el magenta componen la triada de colores primarios). Paradójicamente la ingeniería genética intenta denodadamente conseguir el color azul en ciertas flores tales como crisantemos, rosas, claveles, gerberas y tulipanes pero a lo más que se ha llegado es a conseguir ciertos tonos violetas o azulados[3].

En fin, lo verde es bello, pero ¡ay!, algunas personas no pueden ver el verde, son los que sufren una forma de daltonismo, denominada deuteranopia[4]. ¡Disfrutemos por ellas y por nosotros de este maravilloso color!



[1] El año pasado a estas alturas del verano comíamos flores de calabacín casi de continuo. Peculiaridades de mi huerta.
[2] Así se inicia el conocido poema Romance sonámbulo de Federico García Lorca (1898-1936) que se incluye en su Romancero Gitano publicado en 1928, si bien aquí el color verde se asocia con la muerte.
[4] John Dalton (1766-1844) naturalista, químico, matemático y meteorólogo británico describió el daltonismo o defecto visual relativo a la percepción de los colores. Aunque la teoría que estableció por la cual no se percibían los colores fue pronto desautorizada, el estudio que realizó con su propio problema visual fue reconocido y su nombre designa esta ceguera al color. Posteriormente, en 1995 , y gracias a que dio instrucciones para conservar sus ojos, diversos estudios de ADN permitieron saber que sufría una ceguera visual poco común que le impedía reconocer el …¡verde!. Sufría de deuteranopia.

viernes, 21 de julio de 2017

Los viernes al sol


Los viernes al sol[1], un sol tibio y agradable, que no quema a mis tomates pero que les permite ir madurando lenta, lentamente. Llevan un buen ritmo y siguen cogiendo peso y es una auténtica delicia respirar sus olores por la mañana temprano, un olor que ya adelanta lo deliciosos que estarán.

 

Mientras, los pimientos siguen floreciendo y evitando al pulgón. Todavía estoy sorprendida de lo bien que llevamos el tema pulgón. He faltado unos días y pensaba que a mi vuelta el pulgón jefe en persona (o en bicho mejor dicho) y todo su ejército (o plaga) habría aprovechado mi ausencia para ejecutar primero un rápido blitzkrieg[2] y luego una ocupación intensiva del territorio. Pero no, mis plantas son muy listas y han sabido resistir al enemigo. Estoy incluso pensando que son sibilinamente perversas y han conseguido que los pulgones se vuelvan caníbales y abandonen la ingesta verde. Esto, aunque lo parezca, no me lo he inventado yo, lo leí en el muro de facebook del Real Jardín Botánico de Madrid donde explicaban que según estudios realizados por la Universidad Wisconsin-Madison se había comprobado, mediante reciente estudios, que la planta del tomate cambiaba la dieta de las orugas, pasando de ser vegetarianas a practicar el canibalismo. Esto l planta de tomate lo conseguía segregando unas toxinas que hacían que el gusano dejase de comer hojas verdes y optase por devorar a sus compañeros, provocando así el fin de la plaga.
 

Y es que las plantas son increíbles, tanto, que ya estoy pensando sugerirle a mi huerta que tome unos cursos para conseguir emitir luz[3]. Sí, ya sé que hoy parezco una versión cutre de Julio Verne, pero también leí otra noticia en que contaban que científicos chinos habían conseguido plantas luminosas sin fuente externa de energía. Para ello habían introducido genes de microorganismos luminosos de origen marino en una variedad de la planta del tabaco, Nicotiana benthmiana. Esto sólo es el inicio, pero imaginad el ahorro en la factura de la luz… Está visto que para ahorrar hay que invertir, y yo ya estoy dispuesta a pagar a mis plantas un master en China o dónde sea, ¡que para eso soy su hortelana!




[1] Emulando a los parados de Los lunes al sol (2002), película española dirigida por F. León de Aranoa, con Luis Tosar, José Angel Egido y Javier Bardem que narra el día a día de un grupo de parados tras la reconversión industrial de Vigo. Obtuvo 5 Goyas en 2003: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor, Mejor Actor de Reparto y Mejor Actor Revelación, además de la Concha de Oro del Festival de San Sebastián y numerosos premios más.
[2] Blitzkrieg o guerra relámpago, táctica militar de ataque rápido y sorpresivo, con bombardeo previo. Fue muy  usada durante la Segunda Guerra Mundial.






lunes, 3 de julio de 2017

Drones y tomates


La semana pasada, tan fresquita, ha venido muy bien para refrescar a mis pobres plantas y coger un poco de aire. Así los pimientos siguen creciendo, ya he tenido que atarlos, pero de momento sin flores a la vista, pero también sin casi pulgón[1].
 

Los calabacines, que comparten mesas con los tomates este año van más lentos, quizás agobiado por el exceso “tomatil”, ya veremos cómo evolucionan pero de momento ni una flor amarilla alegra el frondoso fondo verde.

Con estos días más frescos, los tomates frenaron su loco crecimiento y van más despacio, lentos pero seguros. El espacio en que los tengo confinados es escaso, por lo que se ven obligados a ser muy competitivos, y  los más lanzados ya han alcanzado el techo por lo que me he visto obligada a cercenar su crecimiento. Espero que ahora comiencen a densificar por abajo.
 

Este año parece que hemos tenido más visitas “polizinadoras” y las flores de los tomates acaban siendo tomates (ya hemos comido alguno, por cierto muy sabroso). El año pasado muchas veces se quedaban en eso, en flores de tomate. A principios de temporada estuvo pletórica una lavanda colocada cerca de ellos, y yo creo que se habituaron a venir por aquí múltiples abejorros, abejas, avispas, mariposas, …,  el resultado es que este año se veían muchos visitantes alados por la huerta por suerte para mí que pude descartar la única idea, y estrafalaria solución, que se me ocurría:   estaba barajando la posibilidad de tener que acceder a técnicas del siglo XXI y confiar la polinización a drones. Diversos centros como la de Universidad Politécnica de Varsovia[2] o el Instituto de Ciencia y Tecnología Industrial de Japón[3] ya han experimentado con pequeños drones para que cumplan con estas funciones, pero de momento todavía no son más que prototipos, así que para tranquilidad de mis vecinos no tendré de momento enjambres de drones pululando por la huerta y mis oídos podrán recrearse tranquilos en el vuelo del moscardón[4].



[1] El sábado pasado una mariquita se posó sobre el brazo de mi Ayudante de Huerto, el cual encantado me la trajo a la huerta y la pusimos sobre una de las plantas de pimiento con un poquito de pulgón. Al principio, muy asustada, no hacía nada pero rápidamente empezó a recorrer las hojas de forma sistemática. A la mañana siguiente ya no estaba pero tampoco el pulgón. En fin, tendré que acostúmbrame a ser un B&B, sólo espero que se corra la voz de mi excelente trato.
 
[2]<< http://agriculturers.com/un-robot-para-polinizar-flores/>>
[4] El vuelo del moscardón, o del abejorro (con un frenético ritmo que requiere de manos habilidosas), es un interludio orquestal de N. Rimsky-Korsakov (1884-1908) para la ópera El Cuento del Zar (1889-90) basada en un poema del ruso A. Pushkin (1799-1837) considerado fundador de la literatura rusa moderna y que influyó en escritores y compositores.

lunes, 26 de junio de 2017

Apio, frambuesas, griegos y extraterrestres


Cuidar del jardín (o de la huerta) es una terapia del alma, según mantenían los filósofos griegos[1]. Por ello y tras la pérdida del supuesto mirabel y con el fin de superar el contratiempo, he decidido cubrir su hueco con otros ejemplares vegetales: un Rubus idaeus, una frambuesa (o frambueso[2] que se admiten los dos nombres, mi planta es un ejemplo de tolerancia y admite diferentes géneros) y un Apium graveolens, apio.


El frambueso/a es una hermosa planta que viene con su pasaporte fitosanitario[3] y una serie de instrucciones. Esperemos que se adapte y podamos disfrutar de sus ricos frutos. El Rubus idaeus, es nativa de Europa y norte de Asia, se trata de un arbusto de hoja perenne que puede llegar a alcanzar 2,5 m, aunque supongo que plantada en maceta grande se quedará en versión enana. El fruto, de sabor dulce y fuerte, se recoge a finales de verano o principios de otoño. A saber cuándo celebraremos su primer fruto este año, aunque ya tiene flores. La frambuesa es rica en ácido elágico y antocianina que son beneficiosas para combatir la degeneración de órganos, además de en flavonoles, de efecto antioxidante aunque no existe evidencia clínica de este efecto en los seres humanos (entre los paisanos de ET[4], no sabemos con certeza sus posibilidades, ellos sabrán si lograron cultivarla y ahora es el fruto de moda en toda las galaxias).

El otro nuevo habitante, el apio, de las familia de las Apiáceas, oriundo de la la Europa mediterránea y de extremo Oriente, posee tallos que terminan en hojas acuñadas y que parten de una penca común. De agradable sabor acre es muy utilizado en caldos, zumos y sopas y da un excelente sabor a las ensaladas. Posee un alto contenido en fibra, vitaminas (A, B1, B2, B9, C y E) y minerales (potasio, sodio, calcio, cinc, magnesio, hierro, fósforo, cobre y silíceo) y por ello, entre sus valores medicinales se encuentra ser digestivo, depurativo, regenerador sanguíneo y ligeramente laxante, controla la tensión arterial, el reumatismo, ayuda en la eliminación de cálculos renales y hasta mejora la memoria. Incluso algunos creen que puede aumentar la libido.

Además es muy fácil de conseguir rebrotar un ejemplar a partir de otro comprado en la tienda. Debo el soplo a la Sra.Mcx, que entusiasmada con su desarrollo me indicó como hacerlo: cortar la penca de apio manteniendo unos 7 u 8 cm, arrancar algunas de las hojas exteriores y colocar en un recipiente con agua sin que llegue a cubrir. En pocos días, en realidad en mi caso de un día a otro dado estos calores, comenzará una nueva planta a brotar desde el centro de la penca. Cuando alcancen las hojas algunos cm se puede trasplantar a una maceta y cubrirla con tierra[5]. Así de fácil y sencillo podéis disfrutar de brotes tiernos y sabrosos para las ensaladas, venga ya animaros…

al día siguiente de cortarlo

A la


[1] En realidad los griegos además de cómo filósofos o artistas, destacaron también como buenos botánicos y naturalistas que conocían las propiedades curativas y medicinales de muchas plantas, además de considerar su cuidado como relajante, sugestivo y estimulante para el pensamiento; recordad la escuela de filosofía el Jardín de Epicuro (341 a.C.). Destacamos también a  Teofastro (372 a.C) considerado padre de la botánica con sus 9  tomos sobre la Historia de las plantas o a Dioscórides (I d.C.), precursor de la farmacopea,  con su libro sobre plantas medicinales.
[2] Otros nombres comunes en castellano son: altimora, artimora, chardonera, morapeluda, sangüesa, uvas de oso, yrdús, zarza… ¡Me encanta la variedad y sonoridad de los nombres!
[3] Documento que garantiza que los productos vegetales han sido sometidos a control y/o tratamiento fitosanitario que exige la normativa vigente y, por lo tanto, se encuentra libre de plagas de cuarentena. Esto es necesario desde 1993 con la creación del Mercado único Europeo. Esto es lo que consta en la página web del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente
[4] ET, película estadounidense de gran éxito en los años 80 del siglo pasado. Estrenada en 1982 fue dirigida por S.Spielberg y obtuvo 4 Oscars (Mejor Banda Sonora (J.Williams), Mejor Sonido, Mejor Edición de Sonido y Mejores Efectos Especiales). Comienza con una secuencia interesante cuando un grupo de ¡botánicos extraterrestres! están recogiendo muestras en el planeta Tierra (no son agresivos, ni quieren invadirnos, ni destruir la Tierra, tan sólo parece que quieren plantas nuevas como unos hortelanos emprendedores). Pronto son sorprendidos por agentes del gobierno estadounidense y huyen,  quedando uno de ellos aislados. Este es recogido y cuidado por unos niños con los que traba una bonita amistad hasta que pueden regresar sus compañeros a recogerlo. No sabemos si consiguen llevarse las muestras botánicas o no.
[5] Os dejo el enlace a un vídeo donde podéis verlo claramente

martes, 20 de junio de 2017

Uitwaaien


Uitwaaien, uitwaaien, uitwaaien[1]

Según asegura una leyenda urbana que corre entre adolescentes si te pones delante de un espejo con una vela y dices tres veces su nombre se te aparecerá el fantasma (según otras versiones el diablo, un espíritu maligno, etc.). Bueno yo creo que por intentarlo no pierdo nada, así que delante de mis alicaídas plantas, de espaldas al sol y un frente a un espejo recito tres veces:

Uitwaaien, uitwaaien, uitwaaien…

…Pero como podéis suponer no sucede nada. No se nos aparece ningún espíritu amable y servicial que nos traslade en el espacio en un plis-plas, y bueno, aquí seguimos mi pobre huerta y yo, mas muertas que vivas, axfisiadas y boqueando como peces fuera del agua, añorando las horas de la noche como vampiros y deseando que llegue el riego nocturno. Dicen que los perros se acaban pareciendo a sus amos (¿o es al revés?) pero yo creo que mis plantas se acaban pareciendo a mí y crecen mejor con un poco de frío.

Pero a pesar de todo, las tomateras siguen creciendo, y en el cajón que le produce tanto horror al pobre Sr.D, ya se está produciendo una negociación por el espacio. Me gustaría creer que mis tomateras, al igual que algunos árboles, establecen pactos para asegurar “su espacio” dejando zonas sin contacto entre unas y otras[2]. Es lo que se ha denominado la timidez de las copas pero por desgracia en este cajón la que establece la famosa “brecha de la timidez” soy yo, que tengo que ir aligerando de hojas y ramas para permitir que sigan creciendo. A esto hay que añadir la tremenda voracidad por el espacio de los calabacines, pero a estos tengo que tratarlos con cuidado que el Sr.J y yo[3] misma anhelamos ya sus flores para comérnoslas.
Tomateras apiñadas


Tomatera solitaria
 



[1]Palabra holandesa sin traducción al castellano que viene a significar "pasar días de descanso visitando un lugar ventoso, frío y lluvioso”.
[2]La timidez de las copas permite a los arboles mantener estas separadas, formando un dosel con brechas. Esto redunda en beneficios para cada uno de ellos: no friccionan entre sí, mantienen su espacio por la luz evitando zonas sin ella, optimizan su crecimiento …Os dejo el enlace por si queréis saber más:
 
[3] Parezco el director de la Orquesta Filarmónica de Viena felicitando el año nuevo desde el Musikverein tras el concierto de Año Nuevo anual.