miércoles, 26 de octubre de 2016

Experimentos de laboratorio (2)


Resultados del experimento de la semana pasada:

-      Las semillas[1] de espinacas y de ruibarbo plantadas en la huevera no dan señales, de momento. Qué paciencia tiene que tener una!, más que la del santo Job, que total él solo perdió su ganado, sus propiedades, su casa, sus hijos y la salud pero fue recompensado y pronto volvió a tener salud, más propiedades más ganado, otras casas y otros hijos. Se supone que con una nueva mujer que también le sería proporcionada como pago a su fidelidad a Dios al sufrir en silencio tantas desgracias, por lo que barrunto que al final la “mala” era ella (su esposa que lo incitaba a renegar de su dios después de tanta desgracia), como no podía ser de otro modo para los narradores de la Biblia. El caso es que yo sólo espero poder recolectar unas pocas verduritas tiernas y sabrosas para nuestro exclusivo autoconsumo.

-      Los rabanitos plantados en maceta de fibra de coco todavía no han salido.
 

-      Los rabanitos colocados en el recipiente de huevos de codorniz están estupendos. Salieron casi todos y he procedido a su trasplante a la mesa de huerto, una vez realizado el repicado y separado con cuidado los brotecitos. Espero que ahora no se malogren, aunque la temperatura sigue siendo muy templada y no hay heladas nocturnas. Esto del mini-invernadero mola. Quizás tenga que pasar a realizarlo a gran escala, aunque no tanto como los rusos y sus macroproyectos autárquicos como los realizados en las ciudades de Pyramiden[2] y Belgorod[3], sino más bien a cubrir las mesas de huerto con algún invento.

Las acelgas plantadas en la mesa van estupendas y creo que la semana que viene empezaré a poder comerlas.

Los pimientos de Padrón, totalmente trastornados, siguen produciendo sin pensar que casi estamos a 1 de noviembre, ¿Cuánto aguantarán?. Ni idea pero no me importa mientras siga pudiendo comer pimientos, ellos deben creer que viven en el Paraíso: algo de sol, mucha lluvia, temperaturas suaves…



[1] De momento compradas en tiendas, no he tenido que recurrir al bunker de semillas, Bóveda Global de Semillas, creado en 2008, donde reside el futuro del planeta en caso de hecatombe. Se encuentra en el archipiélago de Svalbard y existe un acuerdo mundial para mantener esta zona desmilitarizada. Tiene capacidad para albergar más de un millón de semillas procedentes de todo el mundo con el fin de garantizar la biodiversidad, en realidad es una copia de seguridad de semillas que se mantienen en diferentes institutos por todo el mundo. Las instalaciones pertenecen a Noruega y las semillas a los países que ahí las han depositado. En 2015 ya ha sido necesario retirar muestras de semillas como fruto del arrasamiento producido por la guerra en Siria. No todos están de acuerdo con este proyecto ya que no son las propias comunidades de campesinos, que cuidan y trabajan las plantas, los que las depositan y por tanto no pueden sacarlas ni intercambiarlas con otras comunidades, también se cuestiona quién esta detrás de las fundaciones que lo crearon.
[2] La ciudad minera de Pyramiden, se encuentra también en la isla noruega de Spitsbergen del archipiélago Svalbard (qué coincidencia, ¿verdad?). Fue fundada por los suecos en 1910, (anteriormente la zona había sido utilizada como bases balleneras) que se la vendieron a los soviéticos en 1927. Estos la dedicaron a la extracción de carbón e idearon la ciudad perfecta con avenidas, polideportivos, colegios y guarderías, cines, auditorios,  y lugares de ocio…e invernaderos para producir verduras frescas para el consumo. Fue abandonada en 1998, tras no resultar rentable la extracción de carbón, y permanece desde entonces tal y como la dejaron en su día. En la actualidad la empresa de viajes Tierras Polares, organiza tours por las calles y edificios de la ciudad que en su día albergaba a más de 1000 habitantes.
Si te interesa conocerlo puedes hacerlo a través de:
[3] Bélgorod se sitúa unos 700 km al sur de Moscú y pretende quitar el rango de zona con más invernaderos a la región de los Países Bajos de Westland. El gobierno ruso pretende fomentar, con ayudas estatales, la creación de más de 500 hectáreas para el 2020, dedicadas al cultivo en invernadero con alta tecnología, aprovechando su ubicación y su red de comunicaciones para lograr abastecer a Rusia y no depender de importaciones extranjeras.
En febrero de 2016 se han inagurado ya 14 hectáreas  con secciones dedicadas al cultivo de pepinos, lechugas y semilleros más un área técnica de 6000 metros cuadrados. Con ello pretenden abastecer a un millón y medio  de personas anualmente.

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