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martes, 4 de octubre de 2016

Ausencias y pimientos


Siempre nos creemos imprescindibles, creemos que sin nosotros no van a sobrevivir, que no serán capaces sin nuestros cuidados y nuestras miradas (como dice el refrán: el ojo del amo engorda el caballo), pero luego llegas y ¡zas!, la vida y las plantas continúan su vida aunque tú no estés. Tras una semana de ausencia, dejadas tan solo bajo la tutela electrónica del riego programado, me acerco a mi huerta con miedo; pensaba yo que me las encontraría muertas o, agonizando cuando poco, pero no, las miro y están sanas y erguidas, los tomates continúan engordando y siguen con su color verde y los pimientos, ¡ay los pimientos!, han seguido creciendo y por fin hoy podré tomar una fritada de pimientos de Padrón. Siguen floridos y hermosos por lo que parece que seguiremos teniendo cosecha. Bien, me digo, parece que no me necesitan, ya son fuertes y crecen solas, bien es verdad que ahora ya no tenemos colonias de pulgones, a los que supongo que las noches más frías asustan.[1]

 

Los pimientos de Padrón “auténticos” son los cultivados, en el convento agrícola de San Francisco de Herbón[2] (parroquia de Padrón, A Coruña) donde fueron adaptados desde el siglo XVII-XVIII, tras ser importados por las comunidades franciscanas fronterizas entre Estados Unidos y México, y adaptados a las características del terreno y su climatología, cobrando importancia su cultivo en la economía local[3]. En la actualidad la denominación de pimiento de Padrón es más amplia siendo los más afamados los de Herbón con una temporada que va desde 1 de mayo hasta el 31 de octubre (con denominación de origen protegida  Pemento de Herbón desde 1 de julio de 2009).  Su peculiaridad es su sabor picante que no se puede averiguar hasta que no te los estás comiendo. Es famoso el dicho “os pementos de Padrón, uns pican e outros non”. Bueno, pues los míos picaron y de lo lindo, pero ya sabéis que a mi sí que me gusta el picante.

En fin, no deja de resultar toda una lección la experiencia de hortelana ausente. En definitiva, no eres imprescindible, no te necesitan[4], pero entonces recuerdas tiempos lejanos, o no tanto, allá por abril con los primeros plantones de tallos tiernos y los muchos cuidados que requirieron y entonces piensas si me necesitaron aunque ahora ya no lo hagan, y además no lo hice tan mal al fin y al cabo si han llegado hasta aquí.



[1] Al hilo de esto os recuerdo que ninguna mariquita respondió a mi oferta de trabajo y residencia publicada en el Mariquitas`News. El caso es que en todo el verano no me he encontrado con ninguna, ¿habrán desaparecido?  Yo recuerdo que antes se veían por todas partes.
 
[2] El monasterio, fundado en 1396, fue declarado BIC, Bien de Interés Cultural, en septiembre de 2013, y ese mismo verano protagonizó una rara y poco clara historia cuando sus dos últimos frailes tuvieron que abandonar el convento tras enfrentamientos con algunos grupos vecinales, alentados por el alcalde del PP, que creían que la declaración de BIC,  podía conllevar el cierre de invernaderos y cultivos en la zona de afección del mismo. En la actualidad vuelve a tener una comunidad estable de monjes residiendo en él.
<< http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/07/31/galicia/1375300733_191115.html>>
 
[3] El cultivo de los pimientos de Padrón llegó a cobrar tanta importancia que sus semillas pasaron a formar parte de la dote matrimonial.
 
[4] Para aquellas y aquellos que viajan o que no tienen mano para el riego correcto he descubierto un producto que tiene buena pinta. Se trata de una empresa que fabrica pequeños jardines verticales que emplean unas macetas con riego incorporado mediante un circuito interno que hace recircular el agua y, que se controla desde una app móvil, con un pequeño consumo eléctrico y que además puedes personalizar a tu gusto mediante plantas diferentes, macetas de color, numero de pisos, etc. Jardín Citysens, así se llaman,  fue premiado en 2016 como uno de los mejores diseños en los premios Delta de diseño y es adaptable para cultivos de huerta y cultivos hidropónicos. Podéis verlos en  <<www.cytysens.com>>
 

martes, 30 de agosto de 2016

cultivo hidropónico


Como soy un poco picaflor desde que tengo que polinizar, ahora me siento atraída por una nueva modalidad de cultivo: el hidropónico.

Este tipo de cultivo no requiere de suelo, sino que se realiza usando soluciones minerales disueltas en agua esenciales para el desarrollo de las plantas (también se puede utilizar un suelo inerte como arena, o grava). Esta técnica es muy usada en investigación biológica, en educación o incluso como divertimento[1]. Sin embargo, también tiene sus detractores ya que el vertido de los efluentes sobrantes puede resultar contaminante, siempre que sea a gran escala claro, no hablo de pequeñísimos cultivos caseros. En grandes superficies los efluentes deben equilibrarse antes de proceder a su vertido ya que puede resultar contaminantes para los suelos y aguas.  

La agricultura hidropónica  fue usada desde antiguo y aparece atestiguado  por las sociedades antiguas del valle de México, aunque su uso se constata desde el siglo XVI en Xochimilco, junto a la subcuenca del lago de Texcoco-Zumpango, zona poco profunda y cenagososa en la cuenca de México, donde se utilizaban una especie de balsas, llamadas chinampa, donde se colocaba tierra vegetal mezclada con hojarasca y restos de frutas y vegetales, y se sembraban árboles como el sauce para anclarlos a tierra. Luego pasaban a cultivar diferentes plantas. Esto unido a los regadíos permitía aumentar las cosechas. En la actualidad, desecado el lago Xomilchico, tan sólo quedan las islas artificiales formadas por chinampas  y los canales que las unen  dentro de la ciudad de México en un área declarada como Área Natural Protegida y designada Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1987.

El primer trabajo publicado sobre el crecimiento de plantas terrestres sin suelo agrícola fue el de Francis Bacon en 1627, y a partir de entonces el estudio no cesó, aumentando el interés en el siglo XX.  Como hecho curioso comentar que las tropas estadounidenses en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial lo pusieron en práctica para proveer a las tropas de frutas y verduras.

Desde 1980 varias compañías comenzaron a comercializar sistemas hidropónicos. Hace unos días, en una visita a Ikea comprobé    que desde abril de este año disponen de un kit para pequeño cultivo en casa[2]. Con él puedes asegurar una pequeña cosecha de lechugas o acelgas en pleno invierno. La idea es tentadora…

flores de los pimientos
De momento sigo con mi cosecha de tomates y flores de calabacín, y sigo esperando a los pimientos, ay, ¡qué paciencia hay que tener!



[1]  Un buen ejemplo, con el que pasar un rato divertido, es el que muestra la comedia británica El jardín de la alegría (2000) dirigida por Nigel Cole. Obtuvo en Sundance el Premio del Público y fue nominada a los Globos de Oro y a los Bafta. Narra la vida cambiante de una reciente viuda aficionada a la jardinería que para sobrevivir se dedica al cultivo hidropónico de marihuana junto a su jardinero en un pequeño pueblo inglés.
 
[2] Kits de cultivo hidropónico  Krydda/Växer con invernadero, luces led, tapones de esponjas, semillas y nutrientes. El precio es alto, con todo se puede poner en los 160 euros, pero seguro que pronto habrá más empresas que los fabriquen y bajará el precio. También lo puedes realizar tu si eres del tipo manitas.