Mi huerta está supertranquila, relajada viendo caer las últimas hojas
de los árboles cercanos, celebrando esa lluvia dorada que se empeña en tapizar
el suelo. Tan sólo de tarde en tarde he de quitar algunas hojas caídas, vigilar
el semillero de las espinacas, que va muuuuuy, pero que muuuuy lento, y
recolectar hojas de acelgas. Para acelerar el semillero los he cubierto con partes
de botellas de plástico. Ya sé que no queda muy estético pero espero que sea
efectivo…
Ya no tengo nada más que hacer, me siento como si la malvada Jezibaba[1] me hubiese echado la
maldición y me hubiera convertido en una burbuja ociosa para toda la eternidad.
Ah, eso sí, también he podado la lavanda, y ahora me dedico vigilar
a la lima y al kumquat, esperando que llegue el anhelado solsticio de invierno para
que los días comiencen a crecer y la noche a retroceder. Pero ya se sabe lo que
dice el refrán: “Por Santa Lucía, la noche más larga y el más corto día”. El
caso es que Santa Lucía se celebra el 13 de diciembre y claro, surge la duda
porque siempre hemos creído que esa noche más larga es la del solsticio de
invierno, es decir esa noche que oscila entre los días 20-23 de diciembre…Pero
como todo tiene explicación también sabemos que esto se debe al cambio del
calendario juliano por el gregoriano en 1582. Hasta entonces se había ido
acumulando un desfase con el año astronómico y en este momento se regulariza y
desaparecen 10 días de golpe, con lo que ya nos vuelven a casar las fechas. Sin
embargo, la iglesia ortodoxa sigue manteniendo el calendario juliano en sus
celebraciones y por ello en los países nórdicos se celebra la fiesta de Santa
Lucía con niños con coronas de velas (espero que ahora serán de leds para no
ocasionar un accidente fortuito con las llamas) como resurgir de la luz tras
esa noche más larga. Resulta paradójico que esta santa, que se arrancó los ojos
y que vivió su corta vida a oscuras, sea tanto patrona de la vista como símbolo
de luz. Bueno, cosas de las religiones, mejor disfrutemos con el tema de The
Beatles dedicado a otra Lucía[2] o con el clásico de Serrat[3] mientras esperamos al
solsticio.
[1] Eso le dice la bruja
Jezibaba a la protagonista de la ópera Rusalka de A. Dvorak (1841-1904)
en el III acto. La obra, según libreto inspirado en las leyendas eslavas y en
el cuento de La sirenita de H.C. Andersen, narra las desventuras de una
ninfa o ser de las aguas, que quiere convertirse en humana por amor a un mortal
pero termina en tragedia total, el amado muerto y ella condenada a vagar siendo
burbuja en las aguas toda la eternidad.
[2] <https://www.youtube.com/watch?v=naoknj1ebqI> Lucy on the skay with diamonds
Aunque siempre corrió el rumor, no confirmado por los Beatles pero adecuado a la época y a las experiencias con drogas de ese momento, de que en realidad era una oda al LSD, acrónimo que se formaba con las iniciales del título de la canción. Este rumor ha persistido hasta hoy. También es curiosa la historia de por qué se llamó Lucy al esqueleto de Australophitecus aferensis, de 3,2 millones de años conocida como abuela de la humanidad. Pues bien, muy sencillo, en 1974 sus descubridores, Johanson, Coppens y Taireb, estaban escuchando el tema de los Beatles y por ello le dieron ese nombre.