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viernes, 11 de diciembre de 2020

Esperando a Santa Lucía y al solsticio

 

Mi huerta está supertranquila, relajada viendo caer las últimas hojas de los árboles cercanos, celebrando esa lluvia dorada que se empeña en tapizar el suelo. Tan sólo de tarde en tarde he de quitar algunas hojas caídas, vigilar el semillero de las espinacas, que va muuuuuy, pero que muuuuy lento, y recolectar hojas de acelgas. Para acelerar el semillero los he cubierto con partes de botellas de plástico. Ya sé que no queda muy estético pero espero que sea efectivo…



Ya no tengo nada más que hacer, me siento como si la malvada Jezibaba[1] me hubiese echado la maldición y me hubiera convertido en una burbuja ociosa para toda la eternidad.

Ah, eso sí, también he podado la lavanda, y ahora me dedico vigilar a la lima y al kumquat, esperando que llegue el anhelado solsticio de invierno para que los días comiencen a crecer y la noche a retroceder. Pero ya se sabe lo que dice el refrán: “Por Santa Lucía, la noche más larga y el más corto día”. El caso es que Santa Lucía se celebra el 13 de diciembre y claro, surge la duda porque siempre hemos creído que esa noche más larga es la del solsticio de invierno, es decir esa noche que oscila entre los días 20-23 de diciembre…Pero como todo tiene explicación también sabemos que esto se debe al cambio del calendario juliano por el gregoriano en 1582. Hasta entonces se había ido acumulando un desfase con el año astronómico y en este momento se regulariza y desaparecen 10 días de golpe, con lo que ya nos vuelven a casar las fechas. Sin embargo, la iglesia ortodoxa sigue manteniendo el calendario juliano en sus celebraciones y por ello en los países nórdicos se celebra la fiesta de Santa Lucía con niños con coronas de velas (espero que ahora serán de leds para no ocasionar un accidente fortuito con las llamas) como resurgir de la luz tras esa noche más larga. Resulta paradójico que esta santa, que se arrancó los ojos y que vivió su corta vida a oscuras, sea tanto patrona de la vista como símbolo de luz. Bueno, cosas de las religiones, mejor disfrutemos con el tema de The Beatles dedicado a otra Lucía[2] o con el clásico de Serrat[3] mientras esperamos al solsticio.



[1] Eso le dice la bruja Jezibaba a la protagonista de la ópera Rusalka de A. Dvorak (1841-1904) en el III acto. La obra, según libreto inspirado en las leyendas eslavas y en el cuento de La sirenita de H.C. Andersen, narra las desventuras de una ninfa o ser de las aguas, que quiere convertirse en humana por amor a un mortal pero termina en tragedia total, el amado muerto y ella condenada a vagar siendo burbuja en las aguas toda la eternidad.

[2] <https://www.youtube.com/watch?v=naoknj1ebqI> Lucy on the skay with diamonds

Aunque siempre corrió el rumor, no confirmado por los Beatles pero adecuado a la época y a las experiencias con drogas de ese momento, de que en realidad era una oda al LSD, acrónimo que se formaba con las iniciales del título de la canción. Este rumor ha persistido hasta hoy. También es curiosa la historia de por qué se llamó Lucy al esqueleto de Australophitecus aferensis, de 3,2 millones de años conocida como abuela de la humanidad. Pues bien, muy sencillo, en 1974 sus descubridores, Johanson, Coppens y Taireb, estaban escuchando el tema de los Beatles y por ello le dieron ese nombre.

lunes, 12 de octubre de 2020

12 de octubre

 

Hoy es 12 de octubre, día de la Hispanidad para unos, día de la Raza para otros, para mí se ha convertido en el “día que que arranco mis últimas plantas de pimientos y cierro la temporada de verano”.





Sí, ya sé que el título me ha quedado un poco largo, pero largo también ha sido el devenir de esta efeméride.

Ya en 1913 se acuñó el término Fiesta de la Raza Española por Faustino Rodríguez-San Pedro, presidente de la Unión Ibero-Americana,   aprovechando la fecha de llegada de Cristóbal Colón a América, en concreto a Guanahaní. En 1918 la fecha alcanza rango de fiesta nacional y en 1926 se propone que el término Raza sea sustituido por el de Hispanidad. En 1935 ya se celebró el Día de la Hispanidad, pero no es hasta 1958, cuando en plena dictadura franquista se estableció por decreto la fiesta del día 12. Esto se refrendó en 1981 como Fiesta Nacional y Día de la Hispanidad y fue ratificado en 1987.

Obviando todo lo que esta fecha tiene de egocentrismo, sólo el término decubrimiento de América es para echarse a temblar, no podemos olvidar este momento por todo lo que representa para nuestras huertas de hoy en día: ¿qué sería de nosotros sin patatas, pimientos, tomates, maíz, además del inigualable chocolate, entre otros productos procedentes del continente americano?.

Así que hoy, mientras escucho a Dvorak y su Sinfonía del nuevo Mundo[1], (que por cierto también lleva a equívoco su título pues en realidad se titula Sinfonía “desde” el nuevo mundo… para que luego digan que el lenguaje no es importante) me dedico a arrancar mis últimas plantas de pimientos y tomates y recolecto sus últimos 4 pimientos de la temporada ya que el frío nocturno ya no permite su correcto desarrollo. ¡Brindemos por el mestizaje!



[1] https://www.youtube.com/watch?v=r9RH0HrzWqw, Aquí os dejo el enlace a la Sinfonía nº 9 en mi menor. Opus 95 (1893) de Antonin Dvorak (1841-1904)