Pues sí, claro que voy a hablar sobre la gran nevada. No voy a
ser la única que no lo hace. Y os contaré los resultados en mi pobre huerta. El
viernes comenzó a nevar y al amanecer del sábado ya estaban totalmente
cubiertas las dos mesas por la nieve. En principio no me preocupaba porque las
espinacas estaban cubiertas por medias botellas de agua. El domingo por fin
dejó de nevar y comencé la operación Misión Rescate[1].
En primer lugar, retire la nieve que cubría a las pobres
acelgas, estas aparecieron lacias y parecía que medio moribundas. Después
destape los pequeños plantones de espinacas. Toda la nieve retirada la tuve que
recoger en cubos y transportar a la pila y dejar correr agua para no provocar
una glaciación en mis tuberías.
Después tocaba evaluar daños, pues bien, las espinacas estaban
más o menos bien, pero misterio, una de las botellas de plástico que las cubría
había desaparecido y con ella el pequeño brote de espinaca (era uno de los más
pequeños y retrasados).
…y las acelgas, os preguntaréis, pues bien, ellas hoy martes
están lindas y orondas como si nada hubiese pasado, bueno alguna hojilla un
poco fea pero nada más.
Año de nieves, año de bienes…, no digo más.
[1] En 1967 la Dirección General
de Bellas Artes ofreció una convocatoria, con la que pretendía animar a escuelas
y colegios, sobre todo rurales, a crear grupos de rescate de bienes de
patrimonio. En principio se inscribían un maestro y 5 alumnos por grupo.
Posteriormente TVE y RNE, en colaboración con la Dirección General de Bellas
Artes, contribuirían a su difusión, en los años 70 y 80 del siglo XX, con el
programa Misión Rescate. Se formaron equipos por toda España a los que
se entrevistaba y se entregaban distinciones que llevaban aparejados premios en
metálico y menciones especiales, además de la posibilidad de aparecer en la
tele. Unido a esto también existieron los llamados Comandos de Rescate
dirigidos por un profesor o catedrático de enseñanza media. También podían
inscribirse alumnos de forma individual a los que se denominaba Cuerpo de
Batidores, que podían agruparse en Patrullas y que no contaban con
ningún adulto que los dirigiese. Como
veis todo destilaba un tufillo militar muy propio del régimen en que se inició.
Contaban con reglas estrictas y decálogos de comportamiento. Si bien hoy vemos
que muchas veces se descontextualizaron los objetos rescatados y se quebró el registro
arqueológico, también hay que reconocer que su valor educativo logró en muchas
ocasiones que se revalorizase y comprendiese mejor el entorno histórico-artístico-arqueológico y se creasen actitudes de respeto hacia
el Patrimonio local, lo cual se tradujo en una mejor conservación. Os dejo el enlace a
uno de sus programas: