Ni tan siquiera mis acelgas rojas de Bergara (vascas, vascas)
consiguieron sobrevivir a estos días de heladas. De nada me sirvió protegerlas,
el frío helador pudo con ellas[1]…
Mi huerta llora, triste y sola…pero no, no es verdad, mi huerta está
preparándose para la siguiente temporada. No se trata de improductividad sino de
descanso y relajación… pero mis mesas lucen tristes sin nada que las alegre…
hasta el mes que viene que empezaré con la siembra… (¡dioses, qué ganas tengo
ya!).
Mientras tanto, el frío y el hielo se extienden como el manto de
la Reina de las Nieves y nos dejan imágenes preciosas e interesantes como este
jardín de flores de hielo[2]
que nos presenta El blog de la Tabla,
entrad y disfrutad de la belleza de lo efímero, pura poesía en hielo. El fenómeno
parece sencillo según lo explican: “cuando la savia
se congela, se expande y abre unas minúsculas grietas por las que sale agua que se
congela al contacto con el helado aire. A medida que sale más agua, va a
empujando el hielo que ya se formó, creando capas muy delgadas, cintas de
hielo, que se retuercen, formando lo que parecen ser pétalos de una flor”.
Después de ver sus imágenes a una le entran ganas de plantar
todo de Jara, Aster o Mentha, pero ay, parece que para eso, tenía que instalarme
en cotas altas de los Pirineos por lo menos. No dejéis de entrar y disfrutar de
sus fotografías mientras empezamos a imaginar los próximos semilleros.
[1]Si a una infanta se le
puede dedicar una pavana, con más razón a mis acelgas. Aquí os dejo la Pavana para una infanta difunta de
Maurice Ravel (compositor francés 1875-1937), compuesta en 1899 cuando todavía se encontraba en el
conservatorio. Alguna vez le preguntaron a qué se debía el título y él contestó:
“me gustaba cómo suena”.