lunes, 13 de noviembre de 2017

Los últimos de noviembre


Yo pensé el año pasado que batía el record de recogida tardía de tomates, pero todavía no sabía que este año realizaría la última cosecha ¡un mes después que en el 2016!. A este ritmo voy a entrar en el Libro de los Records. Ya veremos el año que viene a qué fecha llego si nos entrenamos, los tomates y yo, quizás consigamos un gran record.


 
Pero por fin, el sábado 11/11[1] recogí los últimos tomates verdes. Me debatía en las dudas de la hortelana inexperta y atribulada: ¿qué hago? ¿espero una semana más? ¿los corto ya?. Siempre que puedo preguntó a los hortelanos de la zona y este año parece que todos íbamos muy retrasados en la última recolección, pero ¡ay!, pero yo ¿qué hago? Un día pensaba, los dejo un semana más porque siguen creciendo, aunque claro que no al ritmo vertiginoso del verano. Al día siguiente los miraba y pensaba, es que no crecen lo suficiente. Así que, pensando, pensando en que las noches son ya muy frías para ellos decidí: el sábado los quito.

Una vez tomada la decisión, sin dudarlo recolecto los últimos tomates y arranco las matas. Pero no hago lo mismo con los pimientos porque a estos, que se encuentran en una posición más protegida, decido darles una semana más para que engorden. Ya me parezco   a la bruja mala de Hansel y Gretel[2], tan sólo me falta pedirles que asomen su patita, en este caso pimientito.

Para remate, y dado que el año pasado  el chutney de tomates verdes me quedo de rechupete (y no es porque yo los hiciera, que lo hice, y tampoco porque lo digo yo sóla, que también lo dice el Ayudante de Huerto)  retomo la receta y preparo y emboto 4 tarros de rico chutney.
 

Bueno, pues parece que llegó el invierno a mi huerta…



[1] Aunque esta fecha para la gran mayoría signifique la posibilidad de ser millonario con el sorteo extraordinario de la ONCE, 11/11, hace 99 años para otros significaba una esperanza de vida, de sobrevivir sin más, ya que a las 11 horas del día 11, del mes 11, del año 1918 (11/11/1918) se firmaba el armisticio que ponía fin a la Primera Guerra Mundial con más de 20 millones de muertos entre combatientes y civiles. Ahora esos campos de batalla lucen de manera diferente, pero siempre que paso por ellos y los veo llenos de flores, praderas o incluso huertos no puedo dejar de pensar en aquellos que abonaron esas tierras sin haber elegido ese destino. En su recuerdo os dejo este poema de J. Mc Crae, In Flanders Fields, leído por Leonard Cohen. El poema fue escrito por el teniente coronel médico ante la pérdida de sus amigos en la batalla de Ieper (Ypres) en 1915. Tanto el poema como las amapolas se han convertido en un símbolo en recuerdo de todas las víctimas de la Primera Guerra Mundial
[2] Cuento de hadas alemán recogido por  los Hermanos Grimm, recopiladores de la tradición oral, en 1812.