Yo pensé el año pasado que batía el record de recogida tardía de
tomates, pero todavía no sabía que este año realizaría la última cosecha ¡un
mes después que en el 2016!. A este ritmo voy a entrar en el Libro de los
Records. Ya veremos el año que viene a qué fecha llego si nos entrenamos, los
tomates y yo, quizás consigamos un gran record.
Pero por fin, el sábado 11/11[1]
recogí los últimos tomates verdes. Me debatía en las dudas de la hortelana
inexperta y atribulada: ¿qué hago? ¿espero una semana más? ¿los corto ya?.
Siempre que puedo preguntó a los hortelanos de la zona y este año parece que
todos íbamos muy retrasados en la última recolección, pero ¡ay!, pero yo ¿qué
hago? Un día pensaba, los dejo un semana más porque siguen creciendo, aunque
claro que no al ritmo vertiginoso del verano. Al día siguiente los miraba y
pensaba, es que no crecen lo suficiente. Así que, pensando, pensando en que las
noches son ya muy frías para ellos decidí: el sábado los quito.
Una vez tomada la decisión, sin dudarlo recolecto los últimos
tomates y arranco las matas. Pero no hago lo mismo con los pimientos porque a
estos, que se encuentran en una posición más protegida, decido darles una
semana más para que engorden. Ya me parezco
a la bruja mala de Hansel y
Gretel[2],
tan sólo me falta pedirles que asomen su patita, en este caso pimientito.
Para remate, y dado que el año pasado el chutney de tomates verdes me quedo de
rechupete (y no es porque yo los hiciera, que lo hice, y tampoco porque lo digo
yo sóla, que también lo dice el Ayudante de Huerto) retomo la receta y preparo y emboto 4 tarros
de rico chutney.
Bueno, pues parece que llegó el invierno a mi huerta…
[1] Aunque esta fecha
para la gran mayoría signifique la posibilidad de ser millonario con el sorteo
extraordinario de la ONCE, 11/11, hace 99 años para otros significaba una
esperanza de vida, de sobrevivir sin más, ya que a las 11 horas del día 11, del
mes 11, del año 1918 (11/11/1918) se firmaba el armisticio que ponía fin a la
Primera Guerra Mundial con más de 20 millones de muertos entre combatientes y
civiles. Ahora esos campos de batalla lucen de manera diferente, pero siempre
que paso por ellos y los veo llenos de flores, praderas o incluso huertos no
puedo dejar de pensar en aquellos que abonaron esas tierras sin haber elegido
ese destino. En su recuerdo os dejo este poema de J. Mc Crae, In Flanders Fields, leído por Leonard
Cohen. El poema fue escrito por el teniente coronel médico ante la pérdida de
sus amigos en la batalla de Ieper (Ypres) en 1915. Tanto el poema como las
amapolas se han convertido en un símbolo en recuerdo de todas las víctimas de
la Primera Guerra Mundial
[2] Cuento de hadas alemán recogido por los Hermanos Grimm, recopiladores de la
tradición oral, en 1812.