Tras unas minivacaciones dedicadas a conseguir el carnet de
auténtica cabra trepadora vasca, y una vez superado el shock de regresar a “lo
no-verde”, vuelvo a poner las manos, que no los pies, en la tierra, en mi
huerta.
Allí los ojos se me salían de órbita viendo la frescura de sus
huertas y los puestos de los mercados, hermosos y repletos de cebollas,
puerros, multitud de coles diferentes, achicorias y rúcolas, lechugas
variadísimas, tomates y pimientos, patatas azules y normales, y acelgas de
todos los colores. No pude evitarlo y me traje varios plantones de acelga roja
que espero que prendan bien (la hortelana me dijo que estaba segura de que
sí,…, veremos lo que hace el frío invierno).
En fin, que a mi regreso compruebo encantada que por fin los
pimientos se encuentran en plena producción y que los tomates no cesan de
crecer. Esto resulta paradójico ya que este año, en general, todo el mundo se
queja de la escasa cosecha tomatera y la mía ha sido, y sigue siendo, estupenda[1].
Ahora bien tengo que explicar que aunque todas las matas eran de la misma
especie y plantadas a la vez, han tenido un resultado muy diferente. La mayoría
no ha dado problemas pero sin embargo, tres matas, con flores desde el inicio, no han producido ¡ni
un solo tomate!. Las flores se marchitaban y mientras las matas crecían y
crecían a pesar de que las iba pinzando. Harta ya, como una bruja mala al
estilo clásico, las he condenado a desaparecer y su lugar ha sido ocupado,
previa preparación de la tierra por las nuevas acelgas rojas. Veremos sus
resultados, espero que no echen de menos a su tierra, aunque ya se sabe que los
vascos viajan mucho y soportan todo con entereza así que seguro que crecen sí o
sí.
[1] Entonemos con Louis y
Ella, la canción de los tomates <<https://www.youtube.com/watch?v=CIYS9EQWkXg>>
Louis Armstrong (1901-1971) el más famoso
trompetista de jazz, canta con Ella Fittzgerald (1917-1996), la Reina del Jazz,
en este vídeo.