Bueno, pues ya llegó el solsticio de invierno[1], ya tenemos la noche más
larga, ya damos paso al invierno (por lo menos en el hemisferio norte), ya
inicia el sol su nueva andadura. Desde la Antigüedad el paso de otoño al
invierno se celebraba, puesto que marcaba un cambio en las formas de vida tan
ligadas a la luz y los cambios climatológicos, tan dependientes del sol. El
calendario agrícola-ganadero marcaba el devenir y así, este día se celebraba en
muchas regiones el inicio del aumento de los días que conllevaba un lento, pero
constante, despertar de la naturaleza y la fertilidad de la tierra (el día más
oscuro, la noche más larga, la muerte, daba paso a días más largos y al renacer
de la vida). Se establecieron fiestas y rituales para celebrar este momento y
pronto las religiones “santificaron” el hecho con el nacimiento o la llegada de
sus dioses y/o salvadores en estas mismas fechas.
En mi huerta celebraremos el hecho como corresponde, con una
ronda gratis de riego con abono para mis plantas y una ronda de cervezas para
el ayudante de huerto y para mi, que una fiesta es una fiesta, y según esta el
mundo no hay que desperdiciar ningún grato recuerdo. Lo de hacer hogueras lo
dejaremos para otra ocasión.
Las plantitas de espinacas y ruibarbo tras su paso a las mesas
se muestran tímidas pero creo que sí, que han prendido. Lo que haré ahora es
preparar otra tanda de semillas, en cubilete de fibra de coco que les va fenomenal,
para que vayan saliendo con un cierto escalonamiento. Las acelgas por su parte,
siguen progresando adecuadamente. De momento no ha sido necesario cubrir las
mesas porque el otoño ha resultado benigno. Veremos cómo se comporta la Dama de
las Nieves[2] cuando aparezca, espero
que no se lleve a mis plantas con ella. Mientras esperamos su venida nada mejor
que saludar cordialmente al invierno recordando a Vivaldi[3], ¡Feliz Invierno!
[1] En realidad ocurrirá
a las 5:48 a.m. del día 22 de diciembre
[2] Leyenda japonesa en
la que una mujer de piel blanca y largos caballeros se aparece flotando a los
viajeros perdidos en la nieve y los adormece para que mueran dulcemente.
Lo de Dama de las Nieves, unido al
ambiente ñoño de las Navidades me lleva a recordar el cuento de El gigante egoísta (1888) de Oscar Wilde
con su jardín y huerto donde siempre era invierno y campaban a sus anchas las
damas del Viento del Norte, la de las Nieves, el señor del Granizo, y también recuerdo el cuento de La Reina de las Nieves (1845) de H.C.
Andersen que sirvió de inspiración mucho después a la película Frozen (2013) producida por Walt Disney Animation Studios y
ganadora del Oscar a mejor canción original y a la mejor película animada.